La decepción de lo que algún día fue y ya no será. La culminación de tiempos prósperos que no duran para siempre. Su efímera vida acogedora señalándome de manera temprana mi urgente necesidad por valorar lo bueno, antes de que la llegada de la madrugada me arranque de manera definitiva toda demostración de amistad por parte de ella.La reciprocidad casi nula de aquella fiel amiga que nada pide a cambio, solo que valoremos su entrega antes de que la noche de los tiempos le quite toda posibilidad de seguir entregando su calor incondicional.
¿Habrá en la vida algo más decepcionante que la sensación de soledad y abandono que se vive en el mismísimo momento en que la bolsita de agua caliente comienza a perder sus propiedades para lo cual fue creada…??? Las fantasmagóricas penumbras de la noche darán lugar a las primeras luces del alba de manera inevitable y como en tantos otros ordenes de la vida, aquí también nos encontrará solos, vacíos y decepcionados. El solcito de la mañana nos calentará la cara, pero nunca será capaz de llenar ese hueco inmenso del alma que nos dejó esa vieja amiga allá por las tres de la mañana, cuando decidió abandonarnos a nuestra suerte, en ese océano Antártico que parecieran conformar nuestras sábanas. Un iceberg a los pies de la cama, la mismísima Antártida personificada en la hora más austral, más oscura... la hora del abandono definitivo.

Al igual que una vela que se apaga, una flor que se marchita o una novia que envejece, la bolsita de agua caliente nos enseña con su inevitable caída de temperatura, que nada es para siempre, que todo fue una vez y ya no será. Que la madrugada inexorablemente vendrá por ella y que si no fuimos capaces de disfrutar de su compañía en su momento de esplendor, después será tarde y el frío del abismo de las cobijas se apoderará de nuestros pies, de nuestro cuerpo y de nuestro alma.
Llegarán otras noches invernales en donde su compañía será igualmente necesaria, pero lo cierto es que esta noche ella ya se ha ido, o mejor dicho, ella está, pero su cuerpo inerte yace casi indiferente, gélido, vacío de buenas intenciones. Su amistad ya no es tal, ahora se ha convertido en nuestra enemiga, lo que antes nos daba ahora nos quita, y lo peor de todo es que desde ese recóndito lugar de la cama parece estar diciéndonos: - Me hubieras valorado cuando aún me tenías…
¿Habrá en la vida algo más decepcionante que la sensación de soledad y abandono que se vive en el mismísimo momento en que la bolsita de agua caliente comienza a perder sus propiedades para lo cual fue creada…??? Las fantasmagóricas penumbras de la noche darán lugar a las primeras luces del alba de manera inevitable y como en tantos otros ordenes de la vida, aquí también nos encontrará solos, vacíos y decepcionados. El solcito de la mañana nos calentará la cara, pero nunca será capaz de llenar ese hueco inmenso del alma que nos dejó esa vieja amiga allá por las tres de la mañana, cuando decidió abandonarnos a nuestra suerte, en ese océano Antártico que parecieran conformar nuestras sábanas. Un iceberg a los pies de la cama, la mismísima Antártida personificada en la hora más austral, más oscura... la hora del abandono definitivo.

Al igual que una vela que se apaga, una flor que se marchita o una novia que envejece, la bolsita de agua caliente nos enseña con su inevitable caída de temperatura, que nada es para siempre, que todo fue una vez y ya no será. Que la madrugada inexorablemente vendrá por ella y que si no fuimos capaces de disfrutar de su compañía en su momento de esplendor, después será tarde y el frío del abismo de las cobijas se apoderará de nuestros pies, de nuestro cuerpo y de nuestro alma.
Llegarán otras noches invernales en donde su compañía será igualmente necesaria, pero lo cierto es que esta noche ella ya se ha ido, o mejor dicho, ella está, pero su cuerpo inerte yace casi indiferente, gélido, vacío de buenas intenciones. Su amistad ya no es tal, ahora se ha convertido en nuestra enemiga, lo que antes nos daba ahora nos quita, y lo peor de todo es que desde ese recóndito lugar de la cama parece estar diciéndonos: - Me hubieras valorado cuando aún me tenías…
Las bolsitas de agua caliente son como las minas, a lo primero recalientes después re frias.
ResponderEliminarLa estrategía de la bolsita consistía en envolverla en un genero para que aguantara más tiempo y no nos abandonara tan temprano
ResponderEliminarEs cierto, mi mamá nos preparaba la bolsita envuelta en papel de diario y sobre este un viejo pullover de lana.
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