Año 1977. Con pasamontañas rojo, junto a mis viejos y mi hermano en Bariloche.Y que hay de aquellas viejas fotos que cada tanto llegan a nuestras manos, y de la que no podemos formar parte de ella, por la sencilla razón de no contar con recuerdos de ese momento… Por más que en la foto se vea reflejada inexorablemente una vivencia personal, no contamos con el soporte emocional necesario para armar una correlación entre esa imagen y nuestra existencia de aquel entonces.
Una fuerte sensación de impotencia se adueña de nuestra mente al no encontrar la ruta correcta que nos permita entrelazar recuerdos para llegar a esa foto en el mismísimo instante en que fue tomada. Revolvemos viejas tarjetas perforadas dentro de nuestros gabinetes cerebrales en busca de la codificación correcta que nos permita obtener el recuerdo coincidente con aquel momento, pero por más esfuerzo que hagamos el recuerdo no aparece. La información se borró, la tarjeta evidentemente se averió o está en un casillero equivocado. Seguramente si fueran recuerdos más cercanos estarían en soporte magnético y por lo tanto se hubieran salvado.
Una fuerte sensación de impotencia se adueña de nuestra mente al no encontrar la ruta correcta que nos permita entrelazar recuerdos para llegar a esa foto en el mismísimo instante en que fue tomada. Revolvemos viejas tarjetas perforadas dentro de nuestros gabinetes cerebrales en busca de la codificación correcta que nos permita obtener el recuerdo coincidente con aquel momento, pero por más esfuerzo que hagamos el recuerdo no aparece. La información se borró, la tarjeta evidentemente se averió o está en un casillero equivocado. Seguramente si fueran recuerdos más cercanos estarían en soporte magnético y por lo tanto se hubieran salvado.
Mientras tanto aquella vieja foto seguirá ahí, inmutable, casi eterna, mirándonos desde un pequeño porta retratos o desde un viejo álbum de cuerina anaranjada, haciéndonos saber que ese suceso de aquel día ocurrió de manera innegable, pero nuestra mente perezosa seguira esquivando ciertos núcleos riquísimos de información vaya uno a saber porque. Los recuerdos están guardados en algún lado, pero el mecanismo para llegar a esa información evidentemente ha desaparecido para siempre... A veces, de tanto forzar los recuerdos, nuestro cerebro termina creyendo que los encontró y nuestra imaginación comienza a jugarnos una mala pasada, sumergiéndonos en un mundo en donde se confunde lo real con lo ficticio, no sabiendo diferenciar en donde termina un recuerdo y donde comienza un invento de la mente. Que frustrante sensación, la de haber vivido algo innecesariamente, para que tantos lindos momentos si ni siquiera nos queda un pedacito de recuerdo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario